Nunca. No merece la pena. Si te dejas llevar, acabarás pagándolo carísimo. Nunca te engañes. Jamás te dejes seducir por el discurso fácil de quien simplemente saluda. Y recuerda, además, que el desdén también sabe dar enhorabuenas.
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jueves, 22 de octubre de 2015
viernes, 17 de julio de 2015
Síntomas
Algo le habían contado, pero no hizo mucho caso. Cuentan tantas estupideces. El caso es que un buen día, en una fiesta de graduación de la Facultad, los encontró cuando se disponían a entrar en el Salón de Actos.
- ¿Qué tal estáis? -preguntó mientras intentaba hacerse a un lado para no molestar.
Él no tuvo oportunidad de responder. Solo pudo bosquejar algo que parecía una sonrisa. Un conato de sonrisa, más bien. Ella se adelantó:
- La convivencia, bien -dijo-, pero creo que ya no nos deseamos como antes.
martes, 14 de octubre de 2014
Equilibrios inestables
De vuelta a casa sintió que había fracasado. De nuevo. Como tantas y tantas veces. Fracaso total, absoluto, doloroso. Volvió a notar en su boca un sabor agrio que conocía bien.
No dijo nada. "La vida es así", pensó. Un precario equilibrio, un espejismo, un rumor que a menudo conduce al absurdo, una torpe batalla entre lo que sabes y lo que puedes decir abiertamente.
miércoles, 18 de junio de 2014
Proyectos (y II)
Toda lectura
presupone e implica enajenación. Toda escritura es a un tiempo pre-lectura y
lectura diferida. Escribir significa imaginar un lector, darle
forma y aliento. Solo así podrá más tarde el lector vivificar un texto. La
clave de estas extrañas alquimias reside en las palabras con las que se teje esa
relación secreta. Ahí estará todo: en las contadas e irrevocables palabras que
intercambien autor y lector. José Emilio Pacheco: “si leo mis poemas en público / le quito su
único sentido a la poesía: / hacer que mis palabras sean tu voz, / por un
instante al menos”.
El texto no es solo un punto de encuentro, sino
también un nexo, un tegumento que protege del hastío, del olvido, de la
indiferencia. “Poesía, cosa cordial”, escribió Machado. La poesía mira con
frecuencia ensimismada hacia adentro. Hacia el yo. Y bien está que lo haga, si
así lo desea. Pero conste que no tiene prohibido echar un vistazo de cuando en
cuando al otro, a los otros, al yo que nos abraza, saluda, consuela, ordena,
asombra, insulta o ignora.
Marineros de agua dulce será la búsqueda desnuda del otro, un paseo por el Cerro de los Locos a media tarde, un fin de semana en la Casa del Callejón de la Huerta, una antología de los derrelictos encontrados al azar en la Gran Vía de Madrid. Será: etimológicamente: "ha-de-ser".
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Marineros de agua dulce
domingo, 4 de mayo de 2014
Pateras de seda (I)
Versos en
crisis (@versosencrisis) pide un texto. Antología. La poesía, desenfangada del
yo, piensa en el otro. En los otros. En quienes peor lo pasan. Marineros de
agua dulce procurará precisamente eso: mirar la realidad de los otros mientras
luchan para evitar el naufragio, mientras soportan el desdén de quienes se
saben a salvo. Propongo a @versosencrisis este poema de Pateras de seda. Pienso
en el desdén de las instituciones, de los códigos, de las leyes. Pienso en la
mirada ajena y centrífuga con que observamos cualquier tarde a quien se juega
la vida en nuestro irresponsable pasar de largo.
La sabiduría de los códigos
“La mejor forma
de evitar los derrapes
es conducir
adecuadamente
según las circunstancias”.
(Reglamento General de Circulación
de las Normas sobre Tráfico,
Circulación de Vehículos a Motor
y Seguridad Vial [Real Decreto 13/1992,
de 17 de enero].)
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