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miércoles, 26 de diciembre de 2018

Perdido porvenir

Contra el veneno de la nostalgia, un mapa, un croquis (qué palabra: "croquis"), una provisión de fondos, un dibujillo en la arena de esa playa que convierte los pensamientos en proyectos, una locura imposible anotada en la agenda. 

Contra el veneno de la nostalgia, la certidumbre de que todo lo pasado está a salvo. Por definición. Por esencia. Solo el porvenir corre peligro. Si pierdes un adarme de porvenir (tal vez por observar con nostalgia ese pasado supuestamente irrecuperable), tú misma estarás perdida. No por completo, pero sí en parte. Y eso ya es demasiado.

miércoles, 20 de junio de 2018

El reloj

Un personaje. Concentrado en sí mismo. Silencioso. Hermético. Incluso impenetrable.

Hoy lleva traje "príncipe de gales" grisáceo. Tal vez -piensa al recordar su asilvestrado daltonismo- ligeramente verdoso. Camisa negra. Ahí no dudó. Cinturón y zapatos negros. Hoy ha estado en varias ocasiones a punto de estallar. A punto. A un centímetro. A una milésima de segundo. Y en cada una de esas ocasiones hoy ha mirado hacia su muñeca derecha. Y ha encontrado refugio. Ese reloj (negro, también negro) le transmite una calma singular: una calma que parece el despojo de vehemencias vanas, lo que queda en reposo cuando todo lo inútil se ha ido, un desapego de miedos y urgencias -terribles monstruos- que le sorprende precisamente porque hoy lleva todo el día a punto de estallar, a un centímetro, a una milésima de segundo. 

Es muy extraño. Ese reloj le transmite calma. ¿Por qué un reloj? ¿Por qué ese reloj? ¿Y por qué ahora? 

sábado, 16 de junio de 2018

Un tiempo sin nombre

Ese instante a partir del cual la escritura cesa y la vida sigue.

sábado, 28 de abril de 2018

Una mujer que fue


   Y ya no está. Ya no existe. Ese amor intenso y definitivo se quebró en algún lugar, en algún momento. Ya no existe. Ese amor se refugió como pudo, luchó contra sí mismo, se debatió entre el fulgor de otros amores y el violento naufragio que sin remedio suponía perseverar en algo estéril, yermo. Tú mismo lo condenaste a ser algo yermo y estéril.

   No te quejes. Tampoco tú eres el mismo. Esa mujer ya no está. Su amor intenso y definitivo ya no existe. Haz lo que quieras o lo que debas, pero no te quejes. Puedes seguir amándola como que te plazca. Ocurre tan solo que no podrás esperar nada a cambio. Ya sabes qué dicen del verdadero amor: nunca espera nada a cambio. No será ese amor tuyo tan verdadero y esencial si algo esperas. 

domingo, 31 de diciembre de 2017

Tiempo, soledad y memoria

A menudo no sabemos si es final o principio. Sin embargo, a veces eso que nos inquieta e interroga es al mismo tiempo, misteriosa y subyugantemente, final y principio.

martes, 31 de octubre de 2017

El amor

He leído por ahí: "El amor es la ausencia de esperas".

miércoles, 8 de marzo de 2017

Fin de trayecto

Hay una canción que suena de fondo: "Solo quiero despertarme contigo". Primer día después del fin. Ya está amaneciendo. Quédate conmigo. Solo quiero despertarme contigo. Y la canción vuela, como una musaraña herida, por entre las luces primeras de un miércoles de marzo en el que la gente, ahí abajo, viene y va a toda prisa. Tú, en cambio, has terminado.

viernes, 20 de enero de 2017

Arte retórica

Escribir es volver. Lo aprendí del mar.

miércoles, 16 de julio de 2014

El bosque

   En el bosque, por el bosque, se olvidó del bosque.

lunes, 2 de junio de 2014

El encuentro

   (...)
   Se conocían. Creo que se conocían vagamente. Pero ella no era ya profesora, aunque seguía dando clases, ni él era alumno, por más que nunca hubiera dejado de aprender. Ahora se sentían otros. Dos adultos, dos extraños con derecho a entablar conversación a propósito de cualquier menudencia. 
   Eran también dos cuerpos, dos intuiciones. Ella sospechó algo. Él, secretamente, pensó que no podía ser. ¿Estaría también ella percibiendo esa atracción? Nunca antes había vivido el sexo de este modo: no como una evidencia física, corporal, sino como una sutil intuición, como una indescifrable posibilidad.
   (...)

domingo, 1 de junio de 2014

El futuro y sus coordenadas precisas

   La edad no tiene nada que ver con el pasado. La edad solo mide la distancia desde la cual nos atrevemos a observar el futuro.