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domingo, 18 de junio de 2017

Escritores y escrituras

Respondió con vehemencia que no era escritor. E intentó explicarlo. Minuciosa, pacientemente. El escritor sugirió o dijo al final de su charla escribe siempre por obligación. En cambio, él solo escribía por necesidad.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Arquitecturas invisibles



Recurrí a dos citas. Y escribí después: "Confieso que he sentido la tentación de abrir y cerrar este capítulo con las dos citas anteriores. No es broma. Fue una posibilidad". En cada libro hay infinidad de libros –y en cada capítulo multitud de capítulos– que nunca llegan a escribirse, pero que forman parte esencial de la arquitectura invisible que sostiene a cualquier texto.

viernes, 20 de enero de 2017

Arte retórica

Escribir es volver. Lo aprendí del mar.

sábado, 25 de julio de 2015

Correo tras el café en el Comercial

  "(...) Aprovecho para contarte algo importante. Me pillas delante del ordenador, revisando el texto. Intento ver dónde encajar algunas de tus sugerencias. Imposible. No por cabezonería, ni por orgullo, ni por pereza. Es que ya estoy fuera de la historia. Terminé de escribir hace seis meses. Desde entonces he leído varias veces, he corregido erratas y he modificado trazos menores, pero ahora me siento ya incapaz de afrontar otro tipo de cambios. La historia ya no es mía. Se me ha ido. Para bien y para mal".

miércoles, 22 de julio de 2015

Impotencia verbal

Después de escribir "extraordinaria", "inteligente", "sensible", "generosa" y "alegre" (además de algún otro término que solo ella podía descifrar), anotó: "Se me acaban los adjetivos y tú sigues".

lunes, 12 de enero de 2015

Ajuste de cuentas

Escribir solo por necesidad. Solo con acento (yo lo prefiero sin acento para que en caso de duda no decida el acento, sino el lector: es decir, tú). No como desahogo ni como liberación terapéutica. Para eso mejor pegarse una paliza corriendo. O estrenar un diario personal. O dormir. No, no es eso. Escribir por necesidad es escribir para ajustar cuentas con el mundo y contigo mismo, para comprender, para quedar en paz. Me gusta esa expresión tan gráfica: "ajuste de cuentas". Como anotan muchos periodistas en las crónicas de sucesos cuando no tienen ni la más peregrina idea sobre qué ha ocurrido de verdad: "la policía baraja la hipótesis de un ajuste de cuentas...". ¿Cómo se baraja una hipótesis?
En el silencio -todo conjetura- que sigue al acto de escribir, una nota, un mensaje, un intercambio de pareceres. Unas palabras que me hacen pensar: "si he de ser indulgente conmigo misma, cómo no serlo con los demás (...). Muchos de los personajes se te han escapado vivos. Has sido, pues, también indulgente. Mucha suerte".  Etcétera.
Hubo críticas mucho peores sobre el texto, pero esta atacaba sutilmente a la razón misma de escribir. Entendido. Bien está. Conclusión: nunca escribir por algo o por alguien. Jamás. Puedes escribir por necesidad (si quieres), pero jamás por algo o por alguien. Escribir a conciencia y en conciencia, sin esperar nada, absolutamente nada. Liberar el silencio posterior a la escritura de toda interferencia. Nada de mensajes. Ni un solo intercambio de pareceres para obtener aprobaciones. No escribes para nada ni para nadie. Solo escribes por necesidad. Para ajustar cuentas.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Punto final

   Un silencio envasado al vacío. Así, de pronto, una mañana cualquiera de viernes. Como la de hoy mismo. Terminar una historia. Punto final. No saber qué has escrito. Ni para qué. Ni para quién.
   Y, sin embargo, seguir buscando argumentos mientras caminas por la calle. Seguir viendo rostros difusos allá al fondo, al otro lado de los árboles. Escuchar sus voces ahogadas cuando abres la puerta del armario para coger una chaqueta vieja.
   El narrador, Marcos de Lorenzo, se arrojó anoche contra el cielo sucio de Madrid. Y ahí acabó todo. Dejó su historia terminada. Definitivamente abierta. Es decir, terminada. No te empeñes en buscar más palabras. En todo caso sobran. No pretendas convertirte en protagonista de una historia que no te pertenece. Anoche, antes de abrazarte y emprender viaje, Marcos -recuérdalo- solo te pidió que limpiaras el texto de erratas.

martes, 7 de octubre de 2014

Acompañamientos

Mientras das nombre a los personajes, ajustas el tiempo y los espacios, engrasas la maquinaria narrativa, ensayas el tono y marcas definitivamente el punto de vista, quizá deberías seleccionar la música que habrá de acompañarte cuando escribas: es una tarea tal vez más importante que todas las anteriores.

Si dejas que alguien elija la música por ti, habrás de confiar ciegamente en esa persona.

  

martes, 29 de abril de 2014

Palabras y pretextos

   Comenzó esta aventura con un correo inesperado: "Voy a preparar una antología de poesía e internet y me gustaría incluir algunos de sus poemas". Encantado. Cómo no. "El único problema", añadía el antólogo en su correo, "es que debo citar textos publicados en internet: por eso necesito que abra un blog o cuelgue algunos poemas en Facebook".
   He ahí el pretexto que quizá necesitaba o andaba secretamente esperando. Pienso ahora que toda palabra es pretexto. Al final de su viaje, la palabra se volverá irreversible y ajena. La veréis quizá publicada, pero ya casi irreconocible, sacada de quicio, travestida en nuevos contextos. Aquí, de momento, será palabra súbita, escéptica, provisional asombro, herida abierta, quién sabe si afán inútil. 
   En otra habitación de la casa amontono desde hace años -bien es verdad que con creciente desidia- reflexiones y digresiones sobre textos periodísticos. En este cuarto de escritura, en cambio, me prohibiré la reflexión analítica (y periodística). Solo pretextos. Nada de análisis. Escribir por escribir. Escribir para escribir. Como en un cuaderno de notas destinado a custodiar apuntes en sucio. Sin demasiadas pretensiones. Se trata únicamente de fotografiar ideas, frases, nombres, gestos. En silencio. Al menos sin estridencias. Sin avisos en Facebook ni anuncios en Twitter. Pretextos, sin más.