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miércoles, 10 de junio de 2020
miércoles, 31 de octubre de 2018
Tampoco el amor
No el amor sostenido en entregas, besos o abrazos. No el amor que sabe adónde va.
(...)
Sino el amor que divide el mundo en luz y silencio.
(...)
(...)
lunes, 27 de agosto de 2018
En sueños
"Me gusta el afán de los gerundios", dijo una tarde.
(...)
"Me gusta el afán de los gerundios, su empeño en sobrevivir, su tenacidad imperturbable". Ya no sé si dijo o soñé que dijo. O todo al tiempo.
domingo, 18 de febrero de 2018
Luminoso y cálido
Tu casa me gusta, dijo ella. Me gusta porque es un lugar luminoso y cálido. Qué maravilloso punto de partida. Ojalá fuera yo mismo un lugar luminoso y cálido, pensó él.
jueves, 19 de octubre de 2017
viernes, 7 de julio de 2017
Miedos
Hice esta semana una lista de miedos. O quizá fue un intento de poema. No sé ahora. El caso es que ayer tarde, revisando el listado (o el supuesto poema), me di cuenta de que no estaba completo. Hay más miedos. Hay más de los que había dejado ya por escrito. No sé por qué –sí sé por qué– me he acordado hace unos minutos de una frase que alguien pronunció en una película mediocre: «Lo contrario del amor no es el odio, sino el miedo».
Postdata: en el otro mundo, realidad mediante, dirigí una tesis doctoral (sobresaliente cum laude) sobre el miedo.
domingo, 18 de junio de 2017
Escritores y escrituras
Respondió con vehemencia que no era escritor. E intentó explicarlo. Minuciosa, pacientemente. El escritor –sugirió o dijo al final de su charla– escribe siempre por obligación. En cambio, él solo escribía por necesidad.
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Metaescritura
miércoles, 23 de julio de 2014
Una tarde en llamas
Infinitamente más lento (y más bajo) que esas portentosas máquinas que braman para volar, volar.
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Marineros de agua dulce
viernes, 18 de julio de 2014
Desequilibrios
Ocurrió en el patio. Conocía a los dos chicos. Precisamente por eso, porque los conocía, hubiera preferido pasar de largo. Cuando se acercó pudo comprobar que ya ni siquiera discutían. El motivo del desencuentro, de las primeras voces e insultos, parecía olvidado.
No era una pelea de pequeño-bueno contra mayor-malvado. Ya digo que los conocía de sobra. Pensó que era más bien una batalla desigual. El pequeño casi siempre arañaba. El mayor de vez en cuando aplastaba. Aquella contienda no iba a acabar con vencedores y vencidos, sino con aniquiladores y aniquilados. Los otros vecinos miraban. Sin más.
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