lunes, 13 de marzo de 2017

La espera y el viento

Vigilo las ausencias, los tiempos muertos, los entretantos. Juego a adivinar qué estará haciendo precisamente ahora. Me atrevo incluso a preguntarme si andaré revoloteando por su cabeza como ella en la mía. "Imposible", me digo. No soportaría tanto tiempo.

Hasta que un día, de repente, decido que ya basta. Se acabó.

Miro hacia la ventana. El viento ha colgado un escalofrío de nubes en el cielo. La contaminación de estos últimos días se ha diluido de repente. "Pues más o menos igual haré yo", dice él mi personaje, me temo que pensando todavía en ella. 

miércoles, 8 de marzo de 2017

Fin de trayecto

Hay una canción que suena de fondo: "Solo quiero despertarme contigo". Primer día después del fin. Ya está amaneciendo. Quédate conmigo. Solo quiero despertarme contigo. Y la canción vuela, como una musaraña herida, por entre las luces primeras de un miércoles de marzo en el que la gente, ahí abajo, viene y va a toda prisa. Tú, en cambio, has terminado.

lunes, 27 de febrero de 2017

Dos personajes

Ella piensa que él es cobarde, incapaz de dar el salto definitivo. Él cree que ella es voluble, pues no logra sostener el amor cuando finaliza la sensación de aventura. Ambos tienen razón. Ambos se equivocan.

viernes, 24 de febrero de 2017

Desdramatización

Mientras escribía, me he reído de mi propio dolor. Se trataba –creo– precisamente de eso. Supongo que precisamente por eso comencé a escribir.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Arquitecturas invisibles



Recurrí a dos citas. Y escribí después: "Confieso que he sentido la tentación de abrir y cerrar este capítulo con las dos citas anteriores. No es broma. Fue una posibilidad". En cada libro hay infinidad de libros –y en cada capítulo multitud de capítulos– que nunca llegan a escribirse, pero que forman parte esencial de la arquitectura invisible que sostiene a cualquier texto.

viernes, 20 de enero de 2017

Arte retórica

Escribir es volver. Lo aprendí del mar.

sábado, 6 de febrero de 2016

Un lector

   Acaba de enviar un mensaje (privado) un buen amigo. Un amigo de los de antes. Ahora escribe en calidad de lector. Y dice: "He reído, he llorado, he sufrido y me he visto en negro sobre blanco". Luego pide perdón por el atrevimiento y comenta que ha pillado tres o cuatro erratas. ¿Qué más se puede pedir?

martes, 24 de noviembre de 2015

Santa Eugenia

   Esta tarde he pasado por Santa Eugenia. Buscaba la calle de Puentelarra. Me costó llegar (no conocía la zona), pero esta vez fui sin prisas. Necesitaba disfrutar del momento. Aparqué. Busqué el número 7. Hablé con algunos vecinos. Miré. Respiré.
   Cuando el libro, tras un instante de duda, fue recogido por una chica de unos veinticinco años, pensé en algo similar a esa noche de enfebrecido cansancio que desemboca en un punto final. No uno provisional, sujeto a revisión, sino un punto final sin remedio, sin vuelta atrás. Hasta aquí la escritura. A partir de aquí, nada. U otra cosa. Tal vez el siguiente libro.
   La chica respondió amablemente que se lo daría a Pilar. "Muchas gracias", dijo. Pilar. Pilar. Me pregunto qué sentirá Pilar Manjón -quizá esta misma noche, quizá ahora mismo- cuando atraviese el segundo capítulo.