"Te quiero muchísimo", escribió ella. Sintió entonces un dolor desconocido. Algo así como una maquinilla de afeitar deambulando juguetonamente por los pulmones, o el dedo corazón empotrado contra el rallador justo después de que el limón resbalara de las manos, o esa batidora que penetra en las entrañas de un animal que soñamos ser y al que alguien pretende convertir en despojo y paté. "Te quiero muchísimo", había dicho. A él no le resultó sencillo fingir, continuar con el intercambio de mensajes como si nada grave hubiera ocurrido. Bastante más tarde (al menos dos semanas después) comprendió que "te quiero mucho" no dice cuánto, sino cómo.
lunes, 24 de septiembre de 2018
miércoles, 29 de agosto de 2018
Viajes de desamor
Supongo que morir es algo parecido a esto. No tan dramático como la gente suele decir o creer. No. El dolor no aprieta. Acaricia, pero no golpea. No hay ahogos ni convulsiones ni espasmos. Se trata más bien de un viaje muy lento. Quieres tal vez evitarlo. O quizá acelerarlo. O acaso modificar levemente el rumbo. En vano. Acabas de descubrir que nada de eso depende ya de ti. Tu cuerpo no te pertenece. Ese desplazamiento continuo, casi imperceptible, te aleja de los vivos, te separa del amor que pensaste inmortal, te lleva hacia otro mundo que aún ni siquiera sospechas.
Todo parece un movimiento suave y calmo, sin estridencias ni bruscas imposiciones. Sin embargo, has de aceptar que no gobiernas este viaje. Que tu amor se desintegra. Que en realidad simplemente obedeces.
Debes irte. Sin más.
Todo parece un movimiento suave y calmo, sin estridencias ni bruscas imposiciones. Sin embargo, has de aceptar que no gobiernas este viaje. Que tu amor se desintegra. Que en realidad simplemente obedeces.
Debes irte. Sin más.
lunes, 27 de agosto de 2018
En sueños
"Me gusta el afán de los gerundios", dijo una tarde.
(...)
"Me gusta el afán de los gerundios, su empeño en sobrevivir, su tenacidad imperturbable". Ya no sé si dijo o soñé que dijo. O todo al tiempo.
miércoles, 22 de agosto de 2018
sábado, 21 de julio de 2018
Contra los viejos hábitos
Un personaje de microcuento prepara su equipaje. Siempre había pensado que a la vuelta sería otro. Este año, sin embargo, le pudo la impaciencia.
miércoles, 20 de junio de 2018
El reloj
Un personaje. Concentrado en sí mismo. Silencioso. Hermético. Incluso impenetrable.
Hoy lleva traje "príncipe de gales" grisáceo. Tal vez -piensa al recordar su asilvestrado daltonismo- ligeramente verdoso. Camisa negra. Ahí no dudó. Cinturón y zapatos negros. Hoy ha estado en varias ocasiones a punto de estallar. A punto. A un centímetro. A una milésima de segundo. Y en cada una de esas ocasiones hoy ha mirado hacia su muñeca derecha. Y ha encontrado refugio. Ese reloj (negro, también negro) le transmite una calma singular: una calma que parece el despojo de vehemencias vanas, lo que queda en reposo cuando todo lo inútil se ha ido, un desapego de miedos y urgencias -terribles monstruos- que le sorprende precisamente porque hoy lleva todo el día a punto de estallar, a un centímetro, a una milésima de segundo.
Hoy lleva traje "príncipe de gales" grisáceo. Tal vez -piensa al recordar su asilvestrado daltonismo- ligeramente verdoso. Camisa negra. Ahí no dudó. Cinturón y zapatos negros. Hoy ha estado en varias ocasiones a punto de estallar. A punto. A un centímetro. A una milésima de segundo. Y en cada una de esas ocasiones hoy ha mirado hacia su muñeca derecha. Y ha encontrado refugio. Ese reloj (negro, también negro) le transmite una calma singular: una calma que parece el despojo de vehemencias vanas, lo que queda en reposo cuando todo lo inútil se ha ido, un desapego de miedos y urgencias -terribles monstruos- que le sorprende precisamente porque hoy lleva todo el día a punto de estallar, a un centímetro, a una milésima de segundo.
Es muy extraño. Ese reloj le transmite calma. ¿Por qué un reloj? ¿Por qué ese reloj? ¿Y por qué ahora?
sábado, 16 de junio de 2018
sábado, 26 de mayo de 2018
Pasión y prudencia
Qué difícil combinar esos dos hilos. En la prudencia hay siempre algo que te refrena. Piensas que debes esperar, que no conviene precipitar nada, que ya veremos. En la pasión, por el contrario, emerge a cada instante un ímpetu que te supera y te lleva a decir o hacer eso que tal vez resulte improcedente pero que sientes necesario para seguir viviendo. En la pasión estás perdido. En la prudencia no te encuentras. Nada es adecuado ni suficiente si optas por alguna de esas vías. Si procuras conciliar, te devora de inmediato una especie de locura interior, una desazón devastadora que desactiva el fuego y desquicia la calma.
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