La primera página del capítulo 13. Por ejemplo. Esa que arrancaste al sueño, al cansancio, a la pereza más feroz, a la inercia de un relato que ya podría limitarse a contar lo previsto. Esa página que no es bella, ni original, ni dramática. Que no se subordina a la acción. Que entretiene lo justo. Que no hace concesiones innecesarias. Esa página -particularmente esa página- es la verdadera conciencia de la escritura en que habitas. Aunque nadie la subraye ni admire, ninguna otra alcanzará su altura.
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