miércoles, 15 de julio de 2015

Narración plana

"La narración de tu novela es demasiado plana", dijo la editora en su amable correo. Lleva razón. En realidad es muy generosa. Ni siquiera discute lo de "novela", aunque le parezca "demasiado plana".

martes, 30 de junio de 2015

Lo que el dolor ha unido

La herida que supuso aquella separación los unió para siempre.

lunes, 12 de enero de 2015

Ajuste de cuentas

Escribir solo por necesidad. Solo con acento (yo lo prefiero sin acento para que en caso de duda no decida el acento, sino el lector: es decir, tú). No como desahogo ni como liberación terapéutica. Para eso mejor pegarse una paliza corriendo. O estrenar un diario personal. O dormir. No, no es eso. Escribir por necesidad es escribir para ajustar cuentas con el mundo y contigo mismo, para comprender, para quedar en paz. Me gusta esa expresión tan gráfica: "ajuste de cuentas". Como anotan muchos periodistas en las crónicas de sucesos cuando no tienen ni la más peregrina idea sobre qué ha ocurrido de verdad: "la policía baraja la hipótesis de un ajuste de cuentas...". ¿Cómo se baraja una hipótesis?
En el silencio -todo conjetura- que sigue al acto de escribir, una nota, un mensaje, un intercambio de pareceres. Unas palabras que me hacen pensar: "si he de ser indulgente conmigo misma, cómo no serlo con los demás (...). Muchos de los personajes se te han escapado vivos. Has sido, pues, también indulgente. Mucha suerte".  Etcétera.
Hubo críticas mucho peores sobre el texto, pero esta atacaba sutilmente a la razón misma de escribir. Entendido. Bien está. Conclusión: nunca escribir por algo o por alguien. Jamás. Puedes escribir por necesidad (si quieres), pero jamás por algo o por alguien. Escribir a conciencia y en conciencia, sin esperar nada, absolutamente nada. Liberar el silencio posterior a la escritura de toda interferencia. Nada de mensajes. Ni un solo intercambio de pareceres para obtener aprobaciones. No escribes para nada ni para nadie. Solo escribes por necesidad. Para ajustar cuentas.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Punto final

   Un silencio envasado al vacío. Así, de pronto, una mañana cualquiera de viernes. Como la de hoy mismo. Terminar una historia. Punto final. No saber qué has escrito. Ni para qué. Ni para quién.
   Y, sin embargo, seguir buscando argumentos mientras caminas por la calle. Seguir viendo rostros difusos allá al fondo, al otro lado de los árboles. Escuchar sus voces ahogadas cuando abres la puerta del armario para coger una chaqueta vieja.
   El narrador, Marcos de Lorenzo, se arrojó anoche contra el cielo sucio de Madrid. Y ahí acabó todo. Dejó su historia terminada. Definitivamente abierta. Es decir, terminada. No te empeñes en buscar más palabras. En todo caso sobran. No pretendas convertirte en protagonista de una historia que no te pertenece. Anoche, antes de abrazarte y emprender viaje, Marcos -recuérdalo- solo te pidió que limpiaras el texto de erratas.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Una página

La primera página del capítulo 13. Por ejemplo. Esa que arrancaste al sueño, al cansancio, a la pereza más feroz, a la inercia de un relato que ya podría limitarse a contar lo previsto. Esa página que no es bella, ni original, ni dramática. Que no se subordina a la acción. Que entretiene lo justo. Que no hace concesiones innecesarias. Esa página -particularmente esa página- es la verdadera conciencia de la escritura en que habitas. Aunque nadie la subraye ni admire, ninguna otra alcanzará su altura.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Encrucijadas

Marcos comprende que ha llegado el momento. Aprovecha el mes de agosto para escapar y pensar qué quiere hacer con su vida. Necesita saberlo. Capítulo noveno. Casi a mitad de camino.

"Necesitaba, repetí. Y era verdad. No se trataba de un viaje –de esos que hacemos a menudo en vacaciones– para descansar de nosotros mismos, para huir de nuestras rutinas y fatigas interiores. Quería sobre todo respirar otro aire. Me había propuesto mirar hacia mí mismo con absoluta franqueza. Y sobre todo con cierta distancia. Estaba seguro de que mi vida se hallaba en uno de esos cruces de caminos que nos marcan durante años. A la izquierda o a la derecha. Tienes que elegir. No puedes seguir avanzando sin desviarte de una de esas dos opciones.
Intuí además que era el momento justo. Me sentía en la frontera misma de esa etapa en la que todavía puedes decidir, porque las circunstancias aún no te arrollan. Luego, muy poco después, ya no habría nada que cambiar. Ni siquiera tendría tiempo o fuerzas para plantearme otras vidas. Solo una desgarradora sensación de fracaso nos invita a volver hacia atrás aun a sabiendas de que llegamos tarde. Aquel verano de 2005 pensé que estaba a punto de ser tarde. Ahora. Ya. A la izquierda o a la derecha. Decide por dónde quieres seguir avanzando".
 


martes, 28 de octubre de 2014

Voluntad y memoria

Olvidar es un acto mecánico que requiere sangre fría. Conviene no ovidarlo. 

viernes, 24 de octubre de 2014

Atenuantes



Deletrear el silencio. Atenuar. Destejer. Cultivar o aceptar el olvido. Dejar que pase el tiempo. Mientras tanto, observar cómo el mar regresa a su mundo –cinco o diez metros atrás– convencido súbitamente de que la tierra es una ficción impenetrable.